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Qué leer / Qué se piensa

Federico Bianchini: El arte de contar historias

Hace un par de meses el periodista y editor argentino Federico Bianchini estuvo en Chile para dictar un taller gratuito en la Universidad Finis Terrae, una instancia que se llenó de periodistas, narradores, gente talentosa, y yo. Como el que nada sabe nada teme, le pedí una entrevista, y esto (así es, dos meses después) es lo que pude recoger de dicho encuentro.

Federico Bianchini ganó en el año 2011 el premio Nueva Plumas, en su primera edición, con motivo de su crónica inédita sobre el también escritor trasandino Fogwill, llamada “El hombre que nada” En donde realiza un perfil de Rodolfo Enrique Fogwill, o simplemente Fogwill, un hombre que hizo de sí mismo un personaje, para quien ser un escritor de culto significaba vender pocos libros pero ser muy admirado. Para Juan Pablo Meneses, escritor chileno y fundador de la Escuela de Periodismo portátil, después de haberlo leído este texto señaló que: “todo parece indicar que estamos ante una nueva voz de la crónica latinoamericana.” Auspiciosas palabras.

Después ganó el premio Don Quijote Rey de España, en el año 2013, que se otorga a aquellos autores que han tenido el mérito de haber contribuido tanto a la difusión como al conocimiento de la cultura y de la lengua española.  Con la alegría que imagino puede dar obtener un galardón de este tipo, me cuenta que recordó el origen de su necesidad de tener que contar una historia; Una profesora de castellano (o como sea su símil en Argentina) lo invitó a participar de un concurso literario escolar. El objetivo era inventar un final diferente a la historia de Huckleberry Finn, de Mark Twain. Ésta fue la primera vez que supo que podía crear con sus palabras. No ganó el concurso, pero la semilla de su profesora se había instalado en su cabeza para quedarse.

En agradecimiento a su maestra de escuela le escribió un email, contándole de su premio, y de cómo ella había influido en su inquietud por la escritura. Si embargo no recibe respuesta alguna. ¿Habrá caído en la carpeta de spam? ¿Le habrán dado mal su correo?

Mientras estamos sentados en la terraza de la cafetería universitaria, que por si en algún momento se te olvida que es tal, un aroma a hierba va y viene, haciéndote recordar lo que era tener mucho tiempo y muy poca plata. Como decía, ahí sentados, Federico Bianchini se muestra receptivo y alegre, e incluso no intenta darme instrucciones cuando les saco fotografías con una cámara semiprofesional prestada, muy mal utilizada al estar enfocada en automático. Se agradece su ausencia de mansplaining.

Federico Bianchini ha escrito para el diario Clarín, la revista Brando, Gatopardo, fue editor de Anfibia, revista digital sobre crónicas y ensayos de actualidad, y en el año 2014 publicó su primer libro llamado Historias Extremas, que es un conjunto de relatos sobre deportistas que llevan sus actividades al extremo. Sigue de cerca series maravillosas como Game of Thrones, que le sirve para graficar la narración que entra en un punto alto, luego da paso a una meseta de desarrollo y al final te deja en un gran peak, que hace inevitable tener que ver el próximo capítulo. También aconseja ver Les revenantes (de la cual ya les hemos hablado en este blog) serie escrita en sus seis primeros capítulos por Emanuelle Carrére, escritor de El adversario.

Este periodista argentino señala que, a pesar de no haber recibido respuesta de su maestra de escuela, no se dio por vencido, e insiste. Le escribe nuevamente un correo electrónico.

Él se siente cómodo escribiendo en este punto de unión que existe entre el periodismo y la literatura, en donde se encuentran ambos tipos de géneros y se alimentan el uno al otro. Dado sus similitudes, al consultarle cuál es la gran diferencia entre uno y otro, que permita distinguirlos, señala que al menos desde quien redacta un texto los hechos siempre deben ser completamente verdaderos en una crónica. En cambio, en una obra autobiográfica, puede haber ciertos elementos de ficción, existen ciertos permisos, porque obedece a otro tipo de compromisos con sus lectores.

Cree como técnica de aprendizaje la crítica constructiva que se da entre pares, sobre todo en los talleres que realiza, siendo mejor a veces una mala opinión que simplemente alabar lo escrito, eso limita, impide crecer. Tiene un gran respeto por la ficción, ya que no son las aguas en que comúnmente se mueve, ha publicado en página 12 (medio argentino), y mientras atardece a las seis de la tarde de un especialmente frío junio, señala que él escribe por el simple placer de escribir.

Continuando con la historia de su maestra de escuela, a pesar de sus mensajes, sigue sin recibir respuesta. Se queda intranquilo, averigua por redes sociales, por cercanos, entonces se entera que ella había fallecido hace seis meses de cáncer. ¿Qué se hace en estos casos?

A la pregunta de qué libros recomendaría leer, contesta simplemente los clásicos, no hay pérdida en volver a ellos, por ejemplo, El conde de Montecristo de Alejandro Dumas, publicado en 1844, que fuera entregado mensualmente, son las series de Netflix del siglo 19. O era que las series son las novelas del siglo 19. Da igual.

Hablando de series, y de calidad, señala que deberíamos estar viendo Black Mirror y Blue Nights, que no son ninguna sorpresa tampoco, porque así de obvias son las buenas historias, las bien narradas, porque enganchan, envician, e invitan a saber más.

Antártida, como fue traducida al chileno, o la Antártica, su nombre original, libro de editorial Tusquets, fue lanzado en 2016 donde narra su estadía en los fríos hielos de dicho continente durante 25 días. Estuvo en una de las trece bases argentinas, con el fin de relatar el diario vivir de aquellos científicos que, para realizar su trabajo, se sumergen en condiciones climáticas extremas, inmersos en un mundo donde se mezclan la ciencia y la aventura.

Ya se nos va acabando el tiempo, pero no lo puedo dejar ir sin preguntarle por lo que por ahora considero el santo grial de todo narrador: ¿Cómo saber cuándo se está frente a una buena historia? Pero, no está aquí para dar recetas, sólo consejos. Me cuenta que eso no se sabe de antemano, se debe estar ahí en el lugar, por lo que antes de enfrentarse a cualquier situación, hay que ir a ella en estado alerta, con los sentidos despiertos, para ser capaz de ver y percibir al mismo tiempo. Los relatos y los grandes personajes están ahí, pero debemos ser lo suficientemente perspicaces para ser capaces de verlos, y luego, tener el necesario oficio para plasmarlo en palabras.

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Finalmente, ¿Qué se hace con la frustración de no poder agradecerle en vida a su maestra que hizo una diferencia en su vida? Bueno, él escribe, así que escribió un reconocimiento póstumo, en donde le agradece el haber estado en un momento y tiempo determinado, que permitió que naciera en él esta necesidad de búsqueda continua, en que intenta encontrar un hilo invisible entre los elementos de una historia que nadie haya visto antes, tratando de hacer de cada relato singular, y que nadie haya sido capaz de hacer en el pasado.

La tentativa de originalidad es compleja, ambiciosa. Atardece sobre Santiago, sonríe para mis fotos de amateur y entra a una sala de clases donde lo esperan un grupo deseoso de sus consejos. Para escribir no hay recetas.

Qué leer

“El otro tiempo” de Daniela Acosta

“Quise ser un hombre. Quise ser el arquetipo de un hombre. Quise ser lo que la cultura hace de un hombre.

Más que imposible, ahora me resulta un poco iluso de mi parte. Esa negación infantil, si se quiere.

Porque siempre está la búsqueda de conexión y creo que es algo lindo.”

Así nos habla la narradora de “El otro tiempo”, la primera novela de Daniela Acosta, que nos presenta la Editorial La Calabaza del Diablo, y que fue publicada en el año 2016.

Tengo que decir, antes de empezar con esta reseña, que tengo este libro en mis manos desde mayo, y por diversos motivos lo fui dejando que me mirara desde el velador, quedando cada vez más abajo en la torre de libros que son mis pendientes. Digo esto, porque creo que los libros tienen su momento con los lectores, y el otro día justo después de cumplir 33 años me animé, lo abrí, y me lo devoré en una noche.

Quizás fue el momento justo para que lectora y protagonista se encontraran, o sólo sirve para justificar mi demora. O un poco de ambas.

Ahora sí, comencemos:

La portada luce delicada, tiene textura, es hermosa, estuvo a cargo en su edición de Francisca Anaiz, y la imagen de Víctor Espinoza. Es un acierto por sí mismo, porque permite ya a nivel del tacto identificarlo dentro de una librería llena de ofertas o de propuestas olvidables.

La estructura por otro lado, está compuesta por una serie de correos electrónicos enviados desde Buenos Aires, en los cuales no sabemos el nombre de la narradora, aunque sí como no se llama, o cómo le gustaría llamarse. De la destinataria sabemos que se llama Ana, que está en Chile y un par de cosas más. Hay un vínculo de amor cortado, sospechamos que no sólo por la distancia, o parece ser que no es ésta la razón más fuerte.

Al escribir a una amiga, la intimidad y el intentar mantener algunos secretos, se abren y cierran, como flores, o se atropellan ambos a la vez, escapando lo que de verdad queremos decir en una simple enumeración de actividades aburridas o sin relevancia. Y a veces simplemente, sólo buscamos que nos protejan en la revelación de detalles personales. Así es el género epistolar bien ejecutado, en donde se suceden las páginas, con la facilidad que da el estar frente a una correspondencia real. Unilateral, pero real.

Se construye una protagonista por medio de aquellas pequeñas particularidades de la vida diaria que parece sólo ella ver, y de lo que ella nos desea contar, queriendo extender un lazo dentro de una soledad buscada. Son esos pormenores descritos la forma en que la protagonista viene a nuestro encuentro en busca de esa conexión.

Otro elemento a destacar, y es que no puedo negar que me agradan los escritos desde la clase media, será porque uno se pasa demasiado rato de la propia vida leyendo sobre hombres con dinero y sus problemas, o de personas sumidas en la pobreza como sujetos de estudio, pero me cautivan las narrativas que me representan en donde se tiene consciencia de clase pero se está demasiado ocupada viviendo como para pontificar para el resto del mundo. Es una escritura joven que se asume dentro de un lugar de la sociedad, y lo hace desde el campo de visión que cada uno tiene, aún cuando se tengan intenciones de ampliarlo.

Y lo que intento decir, es que con el sencillo acto de mostrarnos una vida femenina adulta, que trata de dejar atrás las odiosidades impuestas presuntamente por el patriarcado, pero, sin decir ninguna de estas palabras llenas de sílabas y de academia, nos evidencia que el acto de vivir afuera, es un intento de vivir adentro, de encontrarse, donde se auto-impone a la no definición, ni por lazos familiares, ni amistades, ni un trabajo, ni qué clase de estudios ha tenido. Ella es la que es, la que se construye en cada uno de sus actos y de sus pensamientos.

Al terminar el libro se sintió como una carencia el saber más sobre quién es Ana, la destinataria de los e-mails, por qué existe esa insistencia de contacto, más allá de una simple promesa, que la protagonista insiste e insiste en cumplir. A la vez que se cuelan algunas frases hechas, que claro, pueden venir desde la intención de un lenguaje hablado, más cercano, lleno de reiteraciones, de menos eficiencia, de errores.

Daniela Acosta nos entrega de todas formas una narradora con carácter, con opinión, extremadamente fuerte y auto-consciente, que es un gusto de leer.

En una parte, especialmente sensible, nos dice:

No me importa si no te gusta lo que escribo. No me importa siquiera si sigues leyendo estos mails. Voy a seguir escribiendo. Voy a seguir escribiéndote.”

Mujer testaruda ésta, que en una sentada permite navegar agradablemente por sus 106 páginas, que desbordan honestidad.

Yo te leo, y espero seguir leyéndote.

Se puede encontrar el libro “El otro tiempo” en: Alejandría Libros, Altamira, Takk, Lolita, Catalonia, Clepsidra, Pedaleo, Dinosaurio y las Qué Leo Forestal, Barrio Italia, Pedro de Valdivia y Tobalaba.

 

Qué leer

¡¡¡CONCURSO!!! Verano Robado de María José Viera-Gallo— Cerrado—

—CONCURSO CERRADO—

Tenemos un concurso para todos aquéllos que nos siguen en redes sociales.

Sortearemos Verano Robado libro de María José Viera-Gallo, con dedicatoria especial para la ganadora o el ganador por parte de la autora.

Si quieres ganar debes poner Like en nuestra página de Facebook (si compartes tienes doble oportunidad de ganar)

o Seguirnos en Twitter (Si retwiteas tienes doble oportunidad de ganar)

Participarán todos aquellos que nos sigan en las redes sociales, el sorteo se realizará el día viernes 09 de junio, al mediodía.

 

¡Suerte!

Acá tenemos a la maravillosa María José Viera-Gallo autografiando a la ganadora, nuestra amiga de Facebook Carla Belén

 

 

Qué leer

Caja de Resonancia, novela de Constanza Anabalón

Los hijos son como una caja de resonancia de sus padres.

Atravesados por el suave sonido inicial,

no piensan que el eco puede durar para siempre.

Me sé de memoria tu melodía, mamá.

Tanto es así que ya no sé cuál es la mía propia.”

Caja de Resonancia es la primera novela de Constanza Anabalón Tohá, socióloga de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Que fue lanzado a fines del año pasado por Editorial La Calabaza del Diablo, y fue escrito gracias a que su autora tuvo el apoyo de la Beca de creación Literaria del Consejo Nacional de la Cultura, que ganó el año 2015.

Es un trabajo que le tomó más de un año y medio, pero que tenía dando vueltas en su cabeza desde mucho antes, ya que se basa en un intento de recuperación de la memoria, mediante un estilo directo nos entrega un texto en donde se ven confluir sufrimientos, añoranzas, pedazos de vidas de mujeres relacionadas entre ella por lazos familiares: una tía, una madre, y la protagonista, la hija, la sobrina, la heredera de las historias y de los dolores de esas otras que no pudieron perdurar.

Podemos ver en primer lugar, una influencia clara de los escritos de Claudia Apablaza (la mujer rota), que se hace evidente en los elementos para-textuales que refrescan lo que se entiende por el cánon propiamente como novela, y en un cierto desenfado en la narración de los acontecimientos. Y en segundo término, también se siente palpitar a una Alejandra Costamagna, con una prosa a veces poética, y la mayoría de las veces emitida desde un corazón solitario.

Tal como se dice en la cita de Alejandra Pizarnik, estamos ante una reconstrucción de una memoria, para así probar si se pueden reparar las heridas, que todos llevamos, y que sin querer podemos heredar. Es tarea del lector resolver si se logra o no, pero en medio, tenemos una impresionante primera obra, quien nos dice: “No lo olvides; yo escribo mirándote a los ojos.”

Presentación del libro por Alejandra Costamgna.

 

Por otro lado, el que traiga a la memoria tantas autoras, como por ejemplo a la argentina Inés Acevedo con Una idea genial, no le quita ni crédito ni originalidad, es una simple evidencia del talento de Constanza Anabalón, que se agradece y se observa claro en párrafos como este:

Mi tía fue brutalmente torturada. Mi madre no se enteró. Mi tía fue exiliada. Mi madre quedó atónita. Mi tía regresó. Mi madre entendió todo.”

Asimismo, hay una narradora joven, graciosa, que condimenta con humor las diversas vivencias, que pueden ser traumáticas, difíciles de hablar o peor, de olvidar, y en que cuestiones como que el que Alejandra, la protagonista, ame a una chica, no es relevante en cuanto a que tenga algún peso el que ella se escape de la “norma”, sino en cuanto a que está buscando el amor en medio de la reconstrucción de su pasado familiar.

Quizás me parezca un poco repentina y abrupta la aparición de la figura del padre, ya que es un universo poderosamente femenino, seguramente es el argumento más abrupto de tan ausente físicamente que está en el relato. Y digo físicamente, ya que el padre, su presencia o inexistencia, es parte de cada identidad, por lo que podría ser necesaria para todo personaje que entra a la madurez, para reconciliarse con su historia.

Sin embargo, es una novela contemporánea, que juega con los límites y sale airosa, porque construye de manera sólida el mundo en que sus personajes se mueven, nos provoca con su humor y nos alimenta la nostalgia de las memorias familiares que cada uno carga y resuelve, con menor o mayor fortuna.

Tiene un precio aproximado de $10.000, y tiene 213 páginas. La pueden encontrar en : Que Leo Tobalaba Mil, Alejandria Libros, Nueva Altamira, Takk, Que Leo Pedro de Valdivia, Que Leo Avenida Italia, Libreria Catalonia y Librería Lolita.

 

Qué leer

Carolina Brown y sus círculos en el agua

El libro En el agua está conformado por una serie de cuentos, fue escrito por Carolina Brown, con quien nos juntamos a tomar una cerveza, con el fin de comprender su forma de escribir y de entender su propia obra. Fue publicado en 2014 por Contemporánea, que es un sello editorial de Biblioteca Chilenia. Conversamos sobre literatura, proyectos, y del hecho de tener un trabajo durante el día, manteniendo viva la compulsión de crear por las noches.

Carolina Brown, de cara lavada y sonrisa honesta, estudió Literatura en la Universidad de Chile y luego Comunicación Multimedia en la Universidad del Pacífico. Participó en el taller de escritura de Pablo Simonetti, durante tres años, y tras un largo proceso de escritura y revisión, que tiene su origen en su pasión por contar historias, sea cual sea su formato: fotografías, videos, papel, nace En el agua.

Esta obra  consta de siete relatos que se encuentran ordenados en razón de la historia de una vida, una cronología de los personajes, que aun cuando no son los mismos, exactamente, podrían serlo, son parte de un mismo universo, en donde el acto de fumar siempre es a escondidas, y una bruma de melancolía lo inunda todo. De tal manera, cada narración es una onda en el agua, que se expande, que crece y que se juntan con otras formando una onda mayor.

Dentro del conjunto, existen algunos cuentos que sobresalen respecto de los otros, ya sea porque en su propia narración se advierte un ritmo narrativo más interesante o porque simplemente quedan más grabados en la memoria, por la fuerza de las acciones o de sus imágenes. Como por ejemplo, el primero, Nadar a la otra orilla, nos sumerge profundamente en el contexto y motivaciones de su personaje principal. Además, inaugura perfectamente el libro al presentarnos, el que creo, el mejor final de todos los relatos: una decisión sin certezas.

Por otro lado mi personaje favorito está en el cuento Roedor, que es capaz de revelarse contra una figura cautivante, que lo atrae, pero se sobrepone tras enfrentarse a una visión que conmueve: “balones ardientes emergen uno a uno de la boca chispeante y roja.“¿Qué son aquéllos? Los invito a leer, querrán comentarlo.

Y una historia que después de leída sigue dando vueltas en la cabeza, Todas tus cenizas al mar: nos entrega otra rebelión, otro fuego interior, quizás un último gesto para no terminar hundiéndose con un abusador.

Así vemos que los personajes que pueblan este mundo son seres marginales, que buscan o anhelan la soledad, y que bajo una atmósfera propia de las novelas góticas, de las cuales reconoce su influencia, vemos que cada uno de ellos se ve sometido al influjo de un otro que los domina, ya sea por su belleza, por su carisma, por su dinero, y en donde la libertad por sobre esta luz que atrae, se reparte de manera aleatoria en las historias.

Estamos frente a narraciones que tienen como un nudo el cómo responder a situaciones límites, que se dibujan con nostalgia por la mano de esta escritora, quien escribe por la sola satisfacción del acto de escribir, en este Gotham que es Santiago, donde se es trabajadora de día y escritora de noche.

Carolina Brown actualmente se encuentra terminando su próximo proyecto, en esta ocasión se tratará de una novela, que estará estructurada bajo la forma de tres espacios de tiempo.

En el agua, lo pueden encontrar  en Librería Qué Leo del Parque Forestal, en Feria Chilena del libro y en Antártica, son 107 páginas, y su precio aproximado es de $9.400. 

Pueden visitar la página web del libro aquí para conocer más detalles.

Qué leer / Qué se piensa

Imputada, o de cómo no saber contar un cahuín.

Hay libros que al leerlos maravillan y te hacen desear ser escritor, o te dices a ti mismo, desesperanzado, yo no tengo ese talento, me dedicaré a la soldadura al arco. Pero, hay otros libros, que te revuelven el estómago y te hacen querer escribir, dibujar, pintar, ser youtuber, comentarista de Emol, sólo para decir a todos: NO  LO LEAN.

Sé que es una mala premisa para empezar una reseña, pero permítame llegar hasta el final.

Este libro se publicó a finales del año 2016, y fue escrito por Lily Zúñiga, ex Secretaria de prensa de la UDI, junto a Angélica Yáñez. Había una gran expectación sobre su contenido, debido a que supuestamente develaría toda la verdad de la periodista, relacionada con los secretos del partido político, y su vinculación con el pago de boletas ideológicamente falsas a sus miembros por parte de Soquimich.

Pero ¿Qué fue lo que se obtuvo?: Primero, un texto con problemas de edición (puede entenderse, dada la premura de su publicación mientras los hechos sigan siendo noticia). Segundo, con metáforas que dan vergüenza (“mi mochila llena de sueños, que pronto recibirá un balde de agua fría que congelaría esos sueños, y me haría despertar de golpe a la dura realidad”, “lluvia que no da tregua”, etc). Y lo peor de todo, que no hay nada muy jugoso, ni sabroso de leer, o si lo hubiese, el morbo se diluye en medio de anécdotas o descripciones irrelevantes.

Esta última deficiencia, se puede atribuir a que la autora, aún se siente parte de ese mundo, que tal como una secta, se normalizan conductas horribles, como los diferentes acosos sexuales que sufrió, y no se concibe una vida fuera de ese círculo, donde la necesidad de pertenecer impera por sobre el sentido común, o la auto-protección.

Por otro lado, hasta donde llegan los poderes de google, no existen querellas por los dichos expuestos, ya que estamos frente a un libro de memorias, no es periodismo investigativo, por lo cual, claramente se nos ofrece una visión subjetiva del mundo de la política, lo que no debería constituir una debilidad, sino que pone toda la fuerza en el cómo se cuentan el clasismo, misoginia, racismo, doble moral, que envuelven a la UDI. Estos chismes o vivencias, según quieran llamarles, tendrán la impronta de una denuncia o de objeto narrativo según la virtuosidad que se tenga al momento de narrar.

Como no hay tal cosa, le ahorraré tiempo, dinero y esperanza en la humanidad, y resumiré los dos cahuines más relevantes de este libro, según mi perspectiva:

  • Sobres blancos y sociedades de papel.Un día mi nuevo socio se acercó y me pidió un favor. Me contó que su esposa Claudia Nogueira, tenía promotoras trabajando en la comuna de Recoleta y había que pagarles el sueldo, entonces necesitaba conseguir dinero. Como no tenía a nadie de confianza, me solicitó que emitiera una boleta al Congreso para que ella pudiera gestionar los recursos, y así pagar esos honorarios. (…) El desglose disponible (…) indica que realicé investigaciones periodísticas, entrevistas y levanté cuñas. (…) El monto pagado por esos supuestos servicios fue de $4.200.000.”

Más adelante explica el funcionamiento de las sociedades que llama de papel, de la siguiente forma: “El modus operandi siempre era el mismo. El dinero entraba a mi cuenta personal y luego tenía que ir al banco, sacar el dinero, poner el monto en un sobre y pasarlo por mano a Gonzalo (Cornejo), así no quedaba registro de la transacción. Fue así como entregué más de 30 millones de pesos por mano. Los pagos de los clientes y las boletas para Claudia Nogueira se pagaban de la misma forma y terminaban en los bolsillos de la misma persona.”

  • Nadie quiere a Iván Moerira. No es relevante, pero es gracioso.

Queda claro eso sí, que existe financiamiento político oculto por parte de empresas y de incluso el Opus Dei. Sin embargo, es difícil empatizar con la autora porque no es capaz de ver sus propias contradicciones, las expone al lector pero ella es ciega al respecto. Es así que, un narrador que no comprende sus dicotomías difícilmente podrá acceder a que quien lo lea se interese en los hechos que le van aconteciendo. Ejemplo de ello, es una contaste expresión de que se sentía abusada, pero no dejaba su trabajo porque le gustaba sentir que era reconocida, lo que lleva a cuestionar que si quizás ella hubiera tenido otra cuna, si hubiera tenido otro color de cabello, este libro existiría. Creo que no.

Pienso que está todavía demasiado imbuida en los valores de la UDI como para crear un texto que sacuda y salpique al partido político, está todavía dentro de la secta. No es ni una denuncia, ni una advertencia, entonces, es simplemente un diario de vida, que no ha sido releído por quien lo escribe.

Hay una imagen que relata, que dice más de lo que cree la autora. Para expresar los pocos recursos que se invierten en la casona de Suecia, en que se encuentra la sede del partido, que se asemeja a cualquier oficina pública abandonada, nos cuenta que sobre el umbral de la puerta de su oficina había un día una araña enorme. La araña se quedó allí, se secó, y pasó a formar parte de la decoración del lugar. Al irse de ese trabajo ella se despide de la araña. Parece que siempre limpiar la suciedad es trabajo de otro, y no nos queda más que acostumbrarnos a convivir con ella.

Parafraseando a la propia autora, éste no es un libro que pueda llegar a doblegar el poder que detenta la derecha en nuestro país. No al menos, si está así de mal escrito.

Qué leer

Memorias de un perro, escritas por su propia pata

Esta historia comienza en Santiago de Chile de 1893, con Rompecadenas, un perro cristiano, que termina sus días como ateo, tras haber vivido con frailes, entre otras andanzas. Tal y como señala, el propio cachupín, tarde o temprano, la muerte nos toca a todos, por lo que decide que es mejor gastar las energías que le quedan aferrándose a sus recuerdos.

Así, describe sus aventuras con una pluma llena de sarcasmo, cual Lazarillo de Tormes, recorriendo la ciudad, pasando de un amo a otro, exponiendo la ridiculez y la crueldad humana para con quienes como él, no pueden hablar. Tomar esta mirada desde lo marginal nos permite observar una sociedad, con vicios y costumbres, que no parece distar tanto de lo que vemos en nuestros días.

Esta novela gráfica está basada en el libro de Juan Rafael Allende, periodista y escritor nacional del siglo 19, que fuera publicada por entregas en el periódico por él creado, llamado “Poncio Pilato”. La adaptación fue realizada por Gonzalo Marín, en los textos, con las ilustraciones de Adrián Gouet, para la Editorial Letra Capital, que se destaca por tener un enfoque hacia lo patrimonial.

Lo que logran evocar las líneas sencillas y bien trazadas, es un Santiago aún rural, muchas veces pobre, en que “extrañamente” no existen políticas arquitectónicas ni sociales que se hagan cargo de las necesidades de la población, ni mucho menos de los quiltros que hasta el día de hoy son su emblema. Por otro lado, los diálogos transmiten la personalidad de personajes bien definidos, proponiendo con sarcasmo una revisión de quiénes somos como santiaguinos, y como seres humanos.

El relato se proyecta junto al desarrollo de la vida de Rompecadenas, quien a pesar de las dificultades que enfrenta, no abandona sus principios, exponiendo sus reflexiones sobre la relación de las personas hacia los perros, como individuos leales que nos observan, nos pueden llegar a entender, y que suelen tener bastante más sentido común que cualquiera.

Se puede decir que ese es precisamente el objetivo de este libro, ya que en sus comienzos, don Querubín, último dueño de este particular perro, quien le enseña a leer y a escribir, le dice: “Querido amigo, escriba usted sus memorias para que los hombres sepan que los perros piensan y sienten como ellos, y para que puedan alguna vez avergonzarse al saber que los miembros de la raza canina son más nobles y caballeros que muchos que, por andar en dos patas, se creen reyes de la creación.

No se puede más que recomendar esta magnífica historia, que atrapa, y es una delicia para los ojos. Obtuvo el 2016 el Premio Revista Lector, a mejor novela gráfica de ese año, siendo un rescate de una obra que fue llevada a cabo con cuidado y sensibilidad.

Lo pueden encontrar en Librería Prosa & Política, Librería del GAM y Galería Plop, con un precio alrededor de $12.000.