Y Todo Lo Demás

Siempre hemos estado acá

Posts tagged Carrére

Qué leer / Qué se piensa

Federico Bianchini: El arte de contar historias

Hace un par de meses el periodista y editor argentino Federico Bianchini estuvo en Chile para dictar un taller gratuito en la Universidad Finis Terrae, una instancia que se llenó de periodistas, narradores, gente talentosa, y yo. Como el que nada sabe nada teme, le pedí una entrevista, y esto (así es, dos meses después) es lo que pude recoger de dicho encuentro.

Federico Bianchini ganó en el año 2011 el premio Nueva Plumas, en su primera edición, con motivo de su crónica inédita sobre el también escritor trasandino Fogwill, llamada “El hombre que nada” En donde realiza un perfil de Rodolfo Enrique Fogwill, o simplemente Fogwill, un hombre que hizo de sí mismo un personaje, para quien ser un escritor de culto significaba vender pocos libros pero ser muy admirado. Para Juan Pablo Meneses, escritor chileno y fundador de la Escuela de Periodismo portátil, después de haberlo leído este texto señaló que: “todo parece indicar que estamos ante una nueva voz de la crónica latinoamericana.” Auspiciosas palabras.

Después ganó el premio Don Quijote Rey de España, en el año 2013, que se otorga a aquellos autores que han tenido el mérito de haber contribuido tanto a la difusión como al conocimiento de la cultura y de la lengua española.  Con la alegría que imagino puede dar obtener un galardón de este tipo, me cuenta que recordó el origen de su necesidad de tener que contar una historia; Una profesora de castellano (o como sea su símil en Argentina) lo invitó a participar de un concurso literario escolar. El objetivo era inventar un final diferente a la historia de Huckleberry Finn, de Mark Twain. Ésta fue la primera vez que supo que podía crear con sus palabras. No ganó el concurso, pero la semilla de su profesora se había instalado en su cabeza para quedarse.

En agradecimiento a su maestra de escuela le escribió un email, contándole de su premio, y de cómo ella había influido en su inquietud por la escritura. Si embargo no recibe respuesta alguna. ¿Habrá caído en la carpeta de spam? ¿Le habrán dado mal su correo?

Mientras estamos sentados en la terraza de la cafetería universitaria, que por si en algún momento se te olvida que es tal, un aroma a hierba va y viene, haciéndote recordar lo que era tener mucho tiempo y muy poca plata. Como decía, ahí sentados, Federico Bianchini se muestra receptivo y alegre, e incluso no intenta darme instrucciones cuando les saco fotografías con una cámara semiprofesional prestada, muy mal utilizada al estar enfocada en automático. Se agradece su ausencia de mansplaining.

Federico Bianchini ha escrito para el diario Clarín, la revista Brando, Gatopardo, fue editor de Anfibia, revista digital sobre crónicas y ensayos de actualidad, y en el año 2014 publicó su primer libro llamado Historias Extremas, que es un conjunto de relatos sobre deportistas que llevan sus actividades al extremo. Sigue de cerca series maravillosas como Game of Thrones, que le sirve para graficar la narración que entra en un punto alto, luego da paso a una meseta de desarrollo y al final te deja en un gran peak, que hace inevitable tener que ver el próximo capítulo. También aconseja ver Les revenantes (de la cual ya les hemos hablado en este blog) serie escrita en sus seis primeros capítulos por Emanuelle Carrére, escritor de El adversario.

Este periodista argentino señala que, a pesar de no haber recibido respuesta de su maestra de escuela, no se dio por vencido, e insiste. Le escribe nuevamente un correo electrónico.

Él se siente cómodo escribiendo en este punto de unión que existe entre el periodismo y la literatura, en donde se encuentran ambos tipos de géneros y se alimentan el uno al otro. Dado sus similitudes, al consultarle cuál es la gran diferencia entre uno y otro, que permita distinguirlos, señala que al menos desde quien redacta un texto los hechos siempre deben ser completamente verdaderos en una crónica. En cambio, en una obra autobiográfica, puede haber ciertos elementos de ficción, existen ciertos permisos, porque obedece a otro tipo de compromisos con sus lectores.

Cree como técnica de aprendizaje la crítica constructiva que se da entre pares, sobre todo en los talleres que realiza, siendo mejor a veces una mala opinión que simplemente alabar lo escrito, eso limita, impide crecer. Tiene un gran respeto por la ficción, ya que no son las aguas en que comúnmente se mueve, ha publicado en página 12 (medio argentino), y mientras atardece a las seis de la tarde de un especialmente frío junio, señala que él escribe por el simple placer de escribir.

Continuando con la historia de su maestra de escuela, a pesar de sus mensajes, sigue sin recibir respuesta. Se queda intranquilo, averigua por redes sociales, por cercanos, entonces se entera que ella había fallecido hace seis meses de cáncer. ¿Qué se hace en estos casos?

A la pregunta de qué libros recomendaría leer, contesta simplemente los clásicos, no hay pérdida en volver a ellos, por ejemplo, El conde de Montecristo de Alejandro Dumas, publicado en 1844, que fuera entregado mensualmente, son las series de Netflix del siglo 19. O era que las series son las novelas del siglo 19. Da igual.

Hablando de series, y de calidad, señala que deberíamos estar viendo Black Mirror y Blue Nights, que no son ninguna sorpresa tampoco, porque así de obvias son las buenas historias, las bien narradas, porque enganchan, envician, e invitan a saber más.

Antártida, como fue traducida al chileno, o la Antártica, su nombre original, libro de editorial Tusquets, fue lanzado en 2016 donde narra su estadía en los fríos hielos de dicho continente durante 25 días. Estuvo en una de las trece bases argentinas, con el fin de relatar el diario vivir de aquellos científicos que, para realizar su trabajo, se sumergen en condiciones climáticas extremas, inmersos en un mundo donde se mezclan la ciencia y la aventura.

Ya se nos va acabando el tiempo, pero no lo puedo dejar ir sin preguntarle por lo que por ahora considero el santo grial de todo narrador: ¿Cómo saber cuándo se está frente a una buena historia? Pero, no está aquí para dar recetas, sólo consejos. Me cuenta que eso no se sabe de antemano, se debe estar ahí en el lugar, por lo que antes de enfrentarse a cualquier situación, hay que ir a ella en estado alerta, con los sentidos despiertos, para ser capaz de ver y percibir al mismo tiempo. Los relatos y los grandes personajes están ahí, pero debemos ser lo suficientemente perspicaces para ser capaces de verlos, y luego, tener el necesario oficio para plasmarlo en palabras.

**

Finalmente, ¿Qué se hace con la frustración de no poder agradecerle en vida a su maestra que hizo una diferencia en su vida? Bueno, él escribe, así que escribió un reconocimiento póstumo, en donde le agradece el haber estado en un momento y tiempo determinado, que permitió que naciera en él esta necesidad de búsqueda continua, en que intenta encontrar un hilo invisible entre los elementos de una historia que nadie haya visto antes, tratando de hacer de cada relato singular, y que nadie haya sido capaz de hacer en el pasado.

La tentativa de originalidad es compleja, ambiciosa. Atardece sobre Santiago, sonríe para mis fotos de amateur y entra a una sala de clases donde lo esperan un grupo deseoso de sus consejos. Para escribir no hay recetas.

Opinión YTLD / Qué leer

Periodismo y sangre: crímenes reales en la literatura

Un domingo por la mañana, en lugar de escribir esta reseña sobre A sangre fría (1996) de Truman Capote y El Adversario (1999) de Emmanuel Carrére, estaba durmiendo a pata suelta, cuando sonó el timbre de mi departamento. Estaba en mi tercer sueño, entrampada en la pregunta de ¿Dónde nace la fascinación por los actos de violencia? ¿Cuál es el encanto que ejercen sobre mí estas novelas sobre crímenes reales?

Abro la puerta, aún en pijama, y quien está ahí es mi hermano, ensangrentado, diciendo que lo habían asaltado. Fue en el Parque Forestal, le pegaron tres botellazos en la cabeza, para quitarle su celular y cuatro lucas. ¿Dónde se fue mi morbo frente a la crónica roja?

¿Será que la maravilla está en que leemos sobre ellos desde la comodidad de nuestro hogar, bien asegurado, arropándonos con un chalcito en los pies? Pues quizás, aquí les presento mi reseña y teoría:

A sangre fría fue escrita por el periodista Truman Capote, quien realizó una exhaustiva investigación sobre un crimen perpetrado en 1959 en un pequeño pueblo llamado Holcomb, ubicado en Kansas, Estados Unidos. Una mañana encuentran a una familia, madre, padre, hija e hijo adolescentes, amarrados y asesinados sin ningún sentido, no parece que les hayan robado, y no se les conocen enemigos. Con esta novela se entiende inaugurado un nuevo género literario, la novela de no-ficción o novela documento, ya que nos muestra las vidas de las víctimas, sus relaciones y personalidades, pero también cómo son sus asesinos, su captura y el proceso en que son sentenciados a la pena de muerte. En este tipo de obras, no hay lugar para spoilers, ya que se da a conocer rápidamente cuál será el desenlace, siendo lo interesante en cómo es escrita, y en cómo desentraña la humanidad que puede existir detrás de actos como éstos.

Perry, uno de los asesino y Truman en una de sus muchas entrevistas.

Capote sostuvo varias entrevistas con uno de los asesinos, Perry, con quien siempre se ha comentado que mantuvieron una relación sentimental, aunque a partir de la sola lectura del libro podemos ver que es un personaje al que le profesa bastante más cariño, en contraposición al otro asesino, Dick, de quien realiza un gran trabajo caracterizándolo pero se le muestra como un ente opresor dentro de esta pareja de delincuentes. Así podemos ver en un extracto de una carta enviada a Perry por un amigo de su última vez en prisión, el siguiente párrafo, en donde se nos entrega una pequeña ventana a su alma: “Eres un hombre muy apasionado, un hombre hambriento que no sabe dónde saciar su apetito, un hombre profundamente frustrado que lucha por proyectar su individualidad contra un fondo rígido de conformismo (..) ¿Por qué ese creciente desprecio por la gente y esas ganas de herirla? Muy bien: crees que son necios y los desprecias por su moral, su felicidad son el origen de tu frustración

Y así sin más, el lector termina convergiendo hacia los victimarios. Y me veo a mí misma viendo una gran serie de sujetos parecidos a ellos representados en la pantalla, los leo en internet. Y nos veo bajando la velocidad del auto al pasar junto a un choque, para mirar hacia la desgracia de los otros.  Sin embargo, el ejercicio primero suele ser el pensarnos como víctimas, respecto de lo horrible que sería si nos llegara a pasar cualquiera de esos acontecimientos, qué habríamos hecho en el lugar de ellos.

Son las once de la mañana del domingo y estamos en la Urgencia, a la espera del resultado del escáner, y en este mundo fuera de los libros lucimos y nos sentimos asustados. Ahora no nos importan mucho los culpables, al menos no en este momento. Trato de hablarle para que no se duerma, si algo le pasara, no sé, no somos la clase de víctima que llama la atención en los medios, no tenemos dinero ni somos marginales, somos justo un punto en el medio que nadie ve.

Dick, el otro asesino, sufrió un gran golpe en la cabeza, ya de mayor, por lo que su familia y su defensor intentan demostrar que eso hizo un cambio en su comportamiento, que su conducta no era ni agresiva, ni de desafío a las autoridades hasta aquél accidente. ¿Es posible que un golpe en la cabeza te vuelva un criminal? ¿Es posible que mi hermano cambie su forma de ser de un día para otro? ¿Es posible que una familia se vuelva victimaria en razón de la venganza?

Todas las respuestas me parecen afirmativas, o a lo menos plausibles, porque el miedo que nos provoca el identificarnos con quienes fueron dañados, tan buenos, tan inocentes, que sufren tanto dolor innecesario, nos conecta con la posibilidad de abrir la ventana a la sombra que nos compone, hambrienta de violencia, de venganza, de frustración, de odio.

Pero como todo en esta vida existe ese otro lado, oscuro, y que da la lectura de libros como El adversario, que hace el ejercicio de intentar pensarnos como el victimario, ¿Estaremos a un solo mal día en convertirnos en una monstruosa versión de nosotros mismos?

Este libro es impresionante, es una historia real que suena inverosímil, en donde nos presenta en las primeras páginas a Jean-Claude Romand, en 1993, quien mató a su mujer, a sus hijos, a sus padres e intentó, sin éxito, suicidarse prendiendo fuego a la casa donde se encontraba.

Parecía ser una familia normal, de clase media alta, en un pueblo de Francia, cerca de la frontera con Suiza. Pero poco a poco se va revelando la verdad, él mentía desde los dieciocho años respecto de todo, y a todos. Entonces al encontrarse a punto de verse descubierto, prefirió eliminar a todos sus cercanos, a quienes había engañado durante tanto tiempo.

Carrére, el autor del libro, le escribió una carta, estupefacto al saber las características de los hechos, ya que en esa época sus hijos tenían la misma edad que los niños de Romand, a quienes mató. Años después éste le contesta, y comienza una investigación sobre un hombre que cada mañana salía a trabajar como médico, y en lugar de eso vagaba por las carreteras, comía en estaciones de servicios y caminaba por los bosques.

Romand y su familia, a quienes mató.

Este hombre llevaba una vida llena de mentiras, por lo que el interés de esta novela de no ficción, pues se inscribe dentro de los mismos cánones que la de Capote, está en imaginar qué había en la cabeza del asesino, que no mostró actos violentos previos a su gran crimen, que ni siquiera había dado sospechas hasta ese momento, entrado ya en la madurez.

Y el resultado es un relato que atrapa, que aterroriza, que nos muestra a Romand como una cáscara, con una personalidad manipuladora, que era capaz de adecuarse a lo que de él esperaba su interlocutor, así vemos que lo describe: “Una mentira, normalmente, sirve para encubrir una verdad, algo vergonzoso, quizás, pero real. La suya no encubría nada. Bajo el falso doctor Romand no había un auténtico Romand.

A mi hermano lo internaron en la UTI, a los cinco días ya estaba mejor, tuvimos que ir a carabineros para ampliar la denuncia de lesiones menos graves a lesiones graves, para eso debes tomar un número, esperar, sentarte, pensar, no hay nada de provecho en esto, pero es lo que se supone que se debe hacer.

Tanto Capote como Carrére leyeron en el periódico la noticia que los impactó, la que en ambos casos se dieron lugar en pueblos pequeños, de vida tranquila. En ninguno de los dos casos se entiende porqué sucedió aquello que sucedió.

De ahí nace su imposibilidad de spoiler, y la esencia de su encanto, el resultado está en la tapa del libro, en la contratapa la descripción detallada de los hechos, pero no es eso lo relevante.

Estos libros se leen porque nos presentan un proceso, en donde se nos da una perspectiva con la información recolectada de cómo se convierte un asesino en tal, en cómo quienes fueron sus víctimas vivían sus vidas, en como un pueblo queda destrozado ante la escena del crimen.

En el caso de mi hermano no sabemos quiénes fueron, deben andar por las calles, quizás alguno se ha sentado a tu lado en el metro, tal vez nisiquiera te parecen un flaite o sea cual sea tu prejuicio de cómo se ve un delincuente, pero andan por ahí, y son capaces de molerte una botella de vidrio en la cabeza, si un día necesitan tus míseras cuatro lucas y tu celular.