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Qué leer / Qué se piensa

Federico Bianchini: El arte de contar historias

Hace un par de meses el periodista y editor argentino Federico Bianchini estuvo en Chile para dictar un taller gratuito en la Universidad Finis Terrae, una instancia que se llenó de periodistas, narradores, gente talentosa, y yo. Como el que nada sabe nada teme, le pedí una entrevista, y esto (así es, dos meses después) es lo que pude recoger de dicho encuentro.

Federico Bianchini ganó en el año 2011 el premio Nueva Plumas, en su primera edición, con motivo de su crónica inédita sobre el también escritor trasandino Fogwill, llamada “El hombre que nada” En donde realiza un perfil de Rodolfo Enrique Fogwill, o simplemente Fogwill, un hombre que hizo de sí mismo un personaje, para quien ser un escritor de culto significaba vender pocos libros pero ser muy admirado. Para Juan Pablo Meneses, escritor chileno y fundador de la Escuela de Periodismo portátil, después de haberlo leído este texto señaló que: “todo parece indicar que estamos ante una nueva voz de la crónica latinoamericana.” Auspiciosas palabras.

Después ganó el premio Don Quijote Rey de España, en el año 2013, que se otorga a aquellos autores que han tenido el mérito de haber contribuido tanto a la difusión como al conocimiento de la cultura y de la lengua española.  Con la alegría que imagino puede dar obtener un galardón de este tipo, me cuenta que recordó el origen de su necesidad de tener que contar una historia; Una profesora de castellano (o como sea su símil en Argentina) lo invitó a participar de un concurso literario escolar. El objetivo era inventar un final diferente a la historia de Huckleberry Finn, de Mark Twain. Ésta fue la primera vez que supo que podía crear con sus palabras. No ganó el concurso, pero la semilla de su profesora se había instalado en su cabeza para quedarse.

En agradecimiento a su maestra de escuela le escribió un email, contándole de su premio, y de cómo ella había influido en su inquietud por la escritura. Si embargo no recibe respuesta alguna. ¿Habrá caído en la carpeta de spam? ¿Le habrán dado mal su correo?

Mientras estamos sentados en la terraza de la cafetería universitaria, que por si en algún momento se te olvida que es tal, un aroma a hierba va y viene, haciéndote recordar lo que era tener mucho tiempo y muy poca plata. Como decía, ahí sentados, Federico Bianchini se muestra receptivo y alegre, e incluso no intenta darme instrucciones cuando les saco fotografías con una cámara semiprofesional prestada, muy mal utilizada al estar enfocada en automático. Se agradece su ausencia de mansplaining.

Federico Bianchini ha escrito para el diario Clarín, la revista Brando, Gatopardo, fue editor de Anfibia, revista digital sobre crónicas y ensayos de actualidad, y en el año 2014 publicó su primer libro llamado Historias Extremas, que es un conjunto de relatos sobre deportistas que llevan sus actividades al extremo. Sigue de cerca series maravillosas como Game of Thrones, que le sirve para graficar la narración que entra en un punto alto, luego da paso a una meseta de desarrollo y al final te deja en un gran peak, que hace inevitable tener que ver el próximo capítulo. También aconseja ver Les revenantes (de la cual ya les hemos hablado en este blog) serie escrita en sus seis primeros capítulos por Emanuelle Carrére, escritor de El adversario.

Este periodista argentino señala que, a pesar de no haber recibido respuesta de su maestra de escuela, no se dio por vencido, e insiste. Le escribe nuevamente un correo electrónico.

Él se siente cómodo escribiendo en este punto de unión que existe entre el periodismo y la literatura, en donde se encuentran ambos tipos de géneros y se alimentan el uno al otro. Dado sus similitudes, al consultarle cuál es la gran diferencia entre uno y otro, que permita distinguirlos, señala que al menos desde quien redacta un texto los hechos siempre deben ser completamente verdaderos en una crónica. En cambio, en una obra autobiográfica, puede haber ciertos elementos de ficción, existen ciertos permisos, porque obedece a otro tipo de compromisos con sus lectores.

Cree como técnica de aprendizaje la crítica constructiva que se da entre pares, sobre todo en los talleres que realiza, siendo mejor a veces una mala opinión que simplemente alabar lo escrito, eso limita, impide crecer. Tiene un gran respeto por la ficción, ya que no son las aguas en que comúnmente se mueve, ha publicado en página 12 (medio argentino), y mientras atardece a las seis de la tarde de un especialmente frío junio, señala que él escribe por el simple placer de escribir.

Continuando con la historia de su maestra de escuela, a pesar de sus mensajes, sigue sin recibir respuesta. Se queda intranquilo, averigua por redes sociales, por cercanos, entonces se entera que ella había fallecido hace seis meses de cáncer. ¿Qué se hace en estos casos?

A la pregunta de qué libros recomendaría leer, contesta simplemente los clásicos, no hay pérdida en volver a ellos, por ejemplo, El conde de Montecristo de Alejandro Dumas, publicado en 1844, que fuera entregado mensualmente, son las series de Netflix del siglo 19. O era que las series son las novelas del siglo 19. Da igual.

Hablando de series, y de calidad, señala que deberíamos estar viendo Black Mirror y Blue Nights, que no son ninguna sorpresa tampoco, porque así de obvias son las buenas historias, las bien narradas, porque enganchan, envician, e invitan a saber más.

Antártida, como fue traducida al chileno, o la Antártica, su nombre original, libro de editorial Tusquets, fue lanzado en 2016 donde narra su estadía en los fríos hielos de dicho continente durante 25 días. Estuvo en una de las trece bases argentinas, con el fin de relatar el diario vivir de aquellos científicos que, para realizar su trabajo, se sumergen en condiciones climáticas extremas, inmersos en un mundo donde se mezclan la ciencia y la aventura.

Ya se nos va acabando el tiempo, pero no lo puedo dejar ir sin preguntarle por lo que por ahora considero el santo grial de todo narrador: ¿Cómo saber cuándo se está frente a una buena historia? Pero, no está aquí para dar recetas, sólo consejos. Me cuenta que eso no se sabe de antemano, se debe estar ahí en el lugar, por lo que antes de enfrentarse a cualquier situación, hay que ir a ella en estado alerta, con los sentidos despiertos, para ser capaz de ver y percibir al mismo tiempo. Los relatos y los grandes personajes están ahí, pero debemos ser lo suficientemente perspicaces para ser capaces de verlos, y luego, tener el necesario oficio para plasmarlo en palabras.

**

Finalmente, ¿Qué se hace con la frustración de no poder agradecerle en vida a su maestra que hizo una diferencia en su vida? Bueno, él escribe, así que escribió un reconocimiento póstumo, en donde le agradece el haber estado en un momento y tiempo determinado, que permitió que naciera en él esta necesidad de búsqueda continua, en que intenta encontrar un hilo invisible entre los elementos de una historia que nadie haya visto antes, tratando de hacer de cada relato singular, y que nadie haya sido capaz de hacer en el pasado.

La tentativa de originalidad es compleja, ambiciosa. Atardece sobre Santiago, sonríe para mis fotos de amateur y entra a una sala de clases donde lo esperan un grupo deseoso de sus consejos. Para escribir no hay recetas.

Qué leer

“El otro tiempo” de Daniela Acosta

“Quise ser un hombre. Quise ser el arquetipo de un hombre. Quise ser lo que la cultura hace de un hombre.

Más que imposible, ahora me resulta un poco iluso de mi parte. Esa negación infantil, si se quiere.

Porque siempre está la búsqueda de conexión y creo que es algo lindo.”

Así nos habla la narradora de “El otro tiempo”, la primera novela de Daniela Acosta, que nos presenta la Editorial La Calabaza del Diablo, y que fue publicada en el año 2016.

Tengo que decir, antes de empezar con esta reseña, que tengo este libro en mis manos desde mayo, y por diversos motivos lo fui dejando que me mirara desde el velador, quedando cada vez más abajo en la torre de libros que son mis pendientes. Digo esto, porque creo que los libros tienen su momento con los lectores, y el otro día justo después de cumplir 33 años me animé, lo abrí, y me lo devoré en una noche.

Quizás fue el momento justo para que lectora y protagonista se encontraran, o sólo sirve para justificar mi demora. O un poco de ambas.

Ahora sí, comencemos:

La portada luce delicada, tiene textura, es hermosa, estuvo a cargo en su edición de Francisca Anaiz, y la imagen de Víctor Espinoza. Es un acierto por sí mismo, porque permite ya a nivel del tacto identificarlo dentro de una librería llena de ofertas o de propuestas olvidables.

La estructura por otro lado, está compuesta por una serie de correos electrónicos enviados desde Buenos Aires, en los cuales no sabemos el nombre de la narradora, aunque sí como no se llama, o cómo le gustaría llamarse. De la destinataria sabemos que se llama Ana, que está en Chile y un par de cosas más. Hay un vínculo de amor cortado, sospechamos que no sólo por la distancia, o parece ser que no es ésta la razón más fuerte.

Al escribir a una amiga, la intimidad y el intentar mantener algunos secretos, se abren y cierran, como flores, o se atropellan ambos a la vez, escapando lo que de verdad queremos decir en una simple enumeración de actividades aburridas o sin relevancia. Y a veces simplemente, sólo buscamos que nos protejan en la revelación de detalles personales. Así es el género epistolar bien ejecutado, en donde se suceden las páginas, con la facilidad que da el estar frente a una correspondencia real. Unilateral, pero real.

Se construye una protagonista por medio de aquellas pequeñas particularidades de la vida diaria que parece sólo ella ver, y de lo que ella nos desea contar, queriendo extender un lazo dentro de una soledad buscada. Son esos pormenores descritos la forma en que la protagonista viene a nuestro encuentro en busca de esa conexión.

Otro elemento a destacar, y es que no puedo negar que me agradan los escritos desde la clase media, será porque uno se pasa demasiado rato de la propia vida leyendo sobre hombres con dinero y sus problemas, o de personas sumidas en la pobreza como sujetos de estudio, pero me cautivan las narrativas que me representan en donde se tiene consciencia de clase pero se está demasiado ocupada viviendo como para pontificar para el resto del mundo. Es una escritura joven que se asume dentro de un lugar de la sociedad, y lo hace desde el campo de visión que cada uno tiene, aún cuando se tengan intenciones de ampliarlo.

Y lo que intento decir, es que con el sencillo acto de mostrarnos una vida femenina adulta, que trata de dejar atrás las odiosidades impuestas presuntamente por el patriarcado, pero, sin decir ninguna de estas palabras llenas de sílabas y de academia, nos evidencia que el acto de vivir afuera, es un intento de vivir adentro, de encontrarse, donde se auto-impone a la no definición, ni por lazos familiares, ni amistades, ni un trabajo, ni qué clase de estudios ha tenido. Ella es la que es, la que se construye en cada uno de sus actos y de sus pensamientos.

Al terminar el libro se sintió como una carencia el saber más sobre quién es Ana, la destinataria de los e-mails, por qué existe esa insistencia de contacto, más allá de una simple promesa, que la protagonista insiste e insiste en cumplir. A la vez que se cuelan algunas frases hechas, que claro, pueden venir desde la intención de un lenguaje hablado, más cercano, lleno de reiteraciones, de menos eficiencia, de errores.

Daniela Acosta nos entrega de todas formas una narradora con carácter, con opinión, extremadamente fuerte y auto-consciente, que es un gusto de leer.

En una parte, especialmente sensible, nos dice:

No me importa si no te gusta lo que escribo. No me importa siquiera si sigues leyendo estos mails. Voy a seguir escribiendo. Voy a seguir escribiéndote.”

Mujer testaruda ésta, que en una sentada permite navegar agradablemente por sus 106 páginas, que desbordan honestidad.

Yo te leo, y espero seguir leyéndote.

Se puede encontrar el libro “El otro tiempo” en: Alejandría Libros, Altamira, Takk, Lolita, Catalonia, Clepsidra, Pedaleo, Dinosaurio y las Qué Leo Forestal, Barrio Italia, Pedro de Valdivia y Tobalaba.

 

Qué leer

Letras Públicas: Fanzine del taller de Los Libros de la mujer rota

En Letras Públicas llevamos a ustedes un poco de vida social de los eventos literarios realizados en Santiago, sin que se tengan que despegar de su estufita, y que no sea que, por no querer salir al frío se pierdan las copuchas narrativas.

Esto será una sección más o menos regular, que nos dirá quién es quién en las letras nacionales, o al menos lo que logremos captar y no nos dé flojera asistir, porque la farándula intelectual es un poco perezosa, o bastante.

En esta ocasión les traemos a ustedes un poco de glamour literario, de la mano del lanzamiento del fanzine del Taller Literario de los Libros de la mujer rota, que aquí vemos en pleno tipo foto de cuarto medio. Está compuesto por trece relatos, trabajados durante tres meses por sus autores, en el desarrollo de las clases sobre la Literatura Contemporánea.

El libro se llama Muy Optimistas y otras catástrofes, cuyo lanzamiento se celebró el día 01 de julio de este año, en donde se entregaron las 41 copias que se publicaron, y algunos de sus redactores pudieron leer sus creaciones, con el valor que da un shop en la mano o un mojito, en el local Santo Secreto de Ñuñoa.

Quédate con quien te mira como Francisco Molina mira a sus escritores, quien es editor en Los Libros de la mujer rota y fue el encargado de dictar el taller. Es tan joven y loquillo, y brillante que da rabia, y se viene toda la envidia de la señora de cartera que exige asiento en el metro, que supongo todos llevamos en nuestro interior, ¿o no?.

La ilustración de la portada fue hecha por Sofía F. Garabito, que de manera muy sencilla plasma la intención de los escritos: sujetos urbanos desnudos en su interior.

La elegancia extravaganza no apareció demasiado, sin embargo, es maravilloso ver que en medio del frío de este invierno en plena capital hay personas que se juntan a crear, a pensar, y a exponer sus ideas frente a otros. Y quizás entre este grupo de personajes nazcan más de un par que llamen la atención en el futuro, y usted podrá decir yo lo vi en YTLD, entonces usted será feliz, y nosotros también, y no podremos de felicidad juntos.

Si te interesa leer el fanzine manda un mail YTLDblog@gmail.com y te enviaremos una copia electrónica para que lo puedas leer desde tu computador.

Qué leer / Qué se escribe

3 Ganadoras nos proponen 3 Buenas Lecturas

La verdad es que nadie que viva en Santiago y use el transporte público puede decir que desconoce de qué se trata “Santiago en 100 palabras”, si hasta Luksic usa el metro mientras lee La Cuarta. Obviamente acá les proponemos una mejor alternativa de lectura, levantar la vista del celular por un momento, y ver los resultados del concurso literario más masivo de Chile, al que llegan miles de cuentos breves en cada convocatoria.

Este concurso se realiza desde el año 2001, y tiene como punto conector la vida en la ciudad contemporánea. No se necesita ser escritor ni un letrado para participar, sólo se toma en consideración la calidad del relato y lo llamativo del tema. Quienes resultan ganadores, además de un premio monetario, sus cuentos son publicados y exhibidos en diversos soportes y medios de alcance masivo, además de acompañarnos en diferentes andenes del Metro de Santiago.

El certamen es organizado por Plagio, y en esta ocasión el jurado estuvo integrado por Alberto Fuguet, Alejandro Zambra y Carmen García quienes tuvieron la colaboración de un comité de pre-selección ya que es tal la cantidad de escritos, que es imposible que sólo estos tres seres humanos pudieran con todo.

Para esta nota nos comunicamos con tres ganadoras del certamen, quienes nos hablaron de ellas, su pasión por escribir y nos presentaron tres recomendaciones para leer en estos días frías de invierno. Aquí les dejamos sus propuestas:

1.- Macarena Araya Lira, cuento Los Vampiros, primer lugar.

Es actriz y guionista, hace clases de Comunicación Oral en la Universidad Diego Portales. Realiza guiones para publicidad, entidades comerciales y empresas. Participa en el taller de escritura autobiográfica de María José Viera-Gallo, y siempre anda escribiendo historias, sea en la micro, en el metro, dónde la pille la inspiración.

Como podemos ver, le encanta la narración, y ha sido finalista del concurso de cuentos de la Revista Paula.

En su cuento Los Vampiros, en muy pocas líneas logra describirnos perfectamente unos personajes particulares, y busca provocar en el lector la misma impresión que le significó a la narradora.

El año anterior y en el 2006, también había participado, y en ambas ocasiones sus cuentos quedaron seleccionados entre los cien mejores. Ahora pasó a ser el cuento número uno, por lo tanto, todo parece una cosa de talento y constancia.

3 sugerencias:

  • Los excluídos, de Elfriede Jelinek.

Esta autora ganadora del premio nobel, de origen austríaco, tiene una prosa ruda, dura y limpia. Es autora también de La pianista, que luego se transformara en película. Muestra un universo muy oscuro y que atrapa.

  • Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño.

Ésta es su novela favorita por estos días, del autor, que habla sobre el taller literario de Mariana Callejas. Su escritura sin puntos permite una inmersión completa y rápida en la historia.

  • La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz.

Un texto que mezcla el mundo de los nerds (oh, esos nerds!) con la dictadura de Trujillo en República Dominicana, que de manera entretenida nos habla de la vida de los latinos que llegan a Estados Unidos.

2.- Paulina Ortega Contreras, cuento Febrero, tercer lugar.

Es periodista, trabaja como tal en la Facultad de Artes de la U. de Chile, y no la acusen con sus jefes pero su cuento lo escribió en una mañana en su oficina, enviándolo casi al cierre de la convocatoria.

Eso sí: la historia la tenía en la cabeza dando vueltas hace rato, sabiendo exactamente qué quería decir. Su cuento Febrero, es una historia real, que habla de una ciudad súper dura y muy desigual, pero también deja la sensación de una leve revancha.

Su relación con la escritura, inicialmente, tuvo que ver con la crónica, sin embargo ahora ha estado escribiendo más textos de ficción, los cuales disfruta mucho. Pienso que de todas formas el escribir crónicas le ayudó a entender lo necesario y lo valioso que es tener un punto de vista, tener una voz, y dejar que eso se vaya moldeando. Lo que se puede aplicar a cualquier tipo de texto, da lo mismo si es no ficción o ficción. Siempre va ser interesante leer a alguien que piense cosas sobre las cosas, y que sea capaz de decir y de mostrar, removiendo algo en quien lee.

Sobre el concurso señala “Me imagino que cada habitante de Santiago tiene una versión distinta de la ciudad. En ese sentido, creo que el concurso es una oportunidad para dejar testimonio de esas versiones e ir armando una especie de mapa de experiencias de un espacio común.”

 

3 sugerencias:

  • Del cielo a casa, de Hebe Uhart.

Por la capacidad de detenerse frente a lo cotidiano a escuchar y mirar.

  • Zanjón de la aguada, de Pedro Lemebel.

Por ser tan íntimo y tan político a la vez, tiene una habilidad de combinar ambas cosas con tanta fuerza y tanta honestidad.

  • Vidas mínimas, de José Santos González Vera.

Por la importancia que tiene la descripción de escenas. Está lleno de imágenes armadas con cuidado y fluidez.

 

3.- Belén Fernández Llanos, cuento 21 de octubre al 21 de noviembre, premio del público.

Es historiadora, hace clases en la Universidad Alberto Hurtado y en la Usach. En el año 2012 tomó un taller de crónicas con el periodista Juan Cristóbal Peña, y desde 2013 a 2014 con Josefina Licitra, terminándose de enamorar por completo de la no ficción. Escribe un blog, así que cómo no enganchar con ella, donde habla de sus experiencias personales. Actualmente está trabajando en un libro de auto-ficción, que está próximo a publicarse, del cual no podemos revelar más detalles pero esperamos leerlo pronto para hacer su respectiva reseña.

En su relato 21 de octubre al 21 de noviembre, en menos de cien palabras nos deja un golpe de efecto maravilloso, que acompaña un buen rato después de su lectura, lo que creo que perite distinguir un buen texto frente a otros.

Cuenta que antes había participado en el “Santiago en 100 palabras” pero no había pasado nada, así que ya saben; todos tenemos esperanza.

3 sugerencias:

  • Cualquier texto de Pedro Lemebel.

Sin ponerse de acuerdo, nuevamente nos recomiendan a Lemebel, habrá que hacer caso y ponerse a leer. Les sugiero: Poco hombre: crónicas reunidas y Tengo miedo Torero. Lemebel como personaje que hace de la diversividad y de la discriminación un espectáculo.

  • Los otros, de Josefina Licitra.

Es sobre adolescentes homosexuales en la Argentina de los 2000. Un texto muy bien escrito, que introduce en la temática gay, que revela las carencias que aún existen para abordarlo.

  • Trilogía normalista, de Carlos Sepúlveda.

Profesor de los años 20, que escribió esta trilogía de novelas, en donde habla de la Escuela Primaria, de la Escuela Normal (en donde se formaban los profes antiguamente), y de la vida de él como docente.

Este libro fue reeditado hace muy poco, en un sólo volumen, con el fin de rescatar este tesoro que nos habla sobre la educación pública.

Actualmente, el concurso se desarrolla en otras regiones de manera particular, con el fin de que nazcan historias propias de cada rincón de nuestro país, lo podemos encontrar en Magallanes, Iquique, Concepción, Valparaíso y Antofagasta.

Vemos que, en esta versión número 16 el concurso no pierde potencia, en realidad se abre a cada vez más puntos de vistas, de cada uno de nosotros, que vivimos en el transporte gran parte de nuestras vidas. Esperando que sea cada vez más digno, un aporte de humanidad en sus paredes no viene nada de mal.

Qué leer

¡¡¡CONCURSO!!! Verano Robado de María José Viera-Gallo— Cerrado—

—CONCURSO CERRADO—

Tenemos un concurso para todos aquéllos que nos siguen en redes sociales.

Sortearemos Verano Robado libro de María José Viera-Gallo, con dedicatoria especial para la ganadora o el ganador por parte de la autora.

Si quieres ganar debes poner Like en nuestra página de Facebook (si compartes tienes doble oportunidad de ganar)

o Seguirnos en Twitter (Si retwiteas tienes doble oportunidad de ganar)

Participarán todos aquellos que nos sigan en las redes sociales, el sorteo se realizará el día viernes 09 de junio, al mediodía.

 

¡Suerte!

Acá tenemos a la maravillosa María José Viera-Gallo autografiando a la ganadora, nuestra amiga de Facebook Carla Belén

 

 

Qué leer

Caja de Resonancia, novela de Constanza Anabalón

Los hijos son como una caja de resonancia de sus padres.

Atravesados por el suave sonido inicial,

no piensan que el eco puede durar para siempre.

Me sé de memoria tu melodía, mamá.

Tanto es así que ya no sé cuál es la mía propia.”

Caja de Resonancia es la primera novela de Constanza Anabalón Tohá, socióloga de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Que fue lanzado a fines del año pasado por Editorial La Calabaza del Diablo, y fue escrito gracias a que su autora tuvo el apoyo de la Beca de creación Literaria del Consejo Nacional de la Cultura, que ganó el año 2015.

Es un trabajo que le tomó más de un año y medio, pero que tenía dando vueltas en su cabeza desde mucho antes, ya que se basa en un intento de recuperación de la memoria, mediante un estilo directo nos entrega un texto en donde se ven confluir sufrimientos, añoranzas, pedazos de vidas de mujeres relacionadas entre ella por lazos familiares: una tía, una madre, y la protagonista, la hija, la sobrina, la heredera de las historias y de los dolores de esas otras que no pudieron perdurar.

Podemos ver en primer lugar, una influencia clara de los escritos de Claudia Apablaza (la mujer rota), que se hace evidente en los elementos para-textuales que refrescan lo que se entiende por el cánon propiamente como novela, y en un cierto desenfado en la narración de los acontecimientos. Y en segundo término, también se siente palpitar a una Alejandra Costamagna, con una prosa a veces poética, y la mayoría de las veces emitida desde un corazón solitario.

Tal como se dice en la cita de Alejandra Pizarnik, estamos ante una reconstrucción de una memoria, para así probar si se pueden reparar las heridas, que todos llevamos, y que sin querer podemos heredar. Es tarea del lector resolver si se logra o no, pero en medio, tenemos una impresionante primera obra, quien nos dice: “No lo olvides; yo escribo mirándote a los ojos.”

Presentación del libro por Alejandra Costamgna.

 

Por otro lado, el que traiga a la memoria tantas autoras, como por ejemplo a la argentina Inés Acevedo con Una idea genial, no le quita ni crédito ni originalidad, es una simple evidencia del talento de Constanza Anabalón, que se agradece y se observa claro en párrafos como este:

Mi tía fue brutalmente torturada. Mi madre no se enteró. Mi tía fue exiliada. Mi madre quedó atónita. Mi tía regresó. Mi madre entendió todo.”

Asimismo, hay una narradora joven, graciosa, que condimenta con humor las diversas vivencias, que pueden ser traumáticas, difíciles de hablar o peor, de olvidar, y en que cuestiones como que el que Alejandra, la protagonista, ame a una chica, no es relevante en cuanto a que tenga algún peso el que ella se escape de la “norma”, sino en cuanto a que está buscando el amor en medio de la reconstrucción de su pasado familiar.

Quizás me parezca un poco repentina y abrupta la aparición de la figura del padre, ya que es un universo poderosamente femenino, seguramente es el argumento más abrupto de tan ausente físicamente que está en el relato. Y digo físicamente, ya que el padre, su presencia o inexistencia, es parte de cada identidad, por lo que podría ser necesaria para todo personaje que entra a la madurez, para reconciliarse con su historia.

Sin embargo, es una novela contemporánea, que juega con los límites y sale airosa, porque construye de manera sólida el mundo en que sus personajes se mueven, nos provoca con su humor y nos alimenta la nostalgia de las memorias familiares que cada uno carga y resuelve, con menor o mayor fortuna.

Tiene un precio aproximado de $10.000, y tiene 213 páginas. La pueden encontrar en : Que Leo Tobalaba Mil, Alejandria Libros, Nueva Altamira, Takk, Que Leo Pedro de Valdivia, Que Leo Avenida Italia, Libreria Catalonia y Librería Lolita.

 

Qué leer / Qué se piensa

5 libros para acercarse al feminismo (parte 1)

El feminismo parte desde la idea de buscar evidenciar el hecho de que las mujeres en nuestra sociedad, y en estos tiempos, así como a lo largo de la historia, han sido tratadas de manera diferente, otorgándoles categorías como ser humano desprovistas de igualdad respecto de los hombres, existiendo una situación de dominación y de invisibilización de su realidad, a lo que podemos llamar patriarcado, por lo cual nace la necesidad de crear diversas acciones para liberar a dicho sexo de tales circunstancias.

Para adentrarnos en una discusión más profunda sobre este tema, quisiera invitarlos a revisar cinco libros que nos acercan a la temática feminista, en cuanto exponen la situación de ser mujer, exhibiendo las particularidades que debe enfrentar, ya sea denunciándolas o simplemente exhibiéndolas. Es por esto que nos podemos encontrar con autoras abiertamente feministas, como otros, que ni siquiera se lo cuestionaron, pero que, sus obras nos permiten realizar el ejercicio de situar la condición femenina en el mundo.

La elección de los textos, claramente es arbitraria, pero se tuvo como intención el tener como parámetros de elección su relevancia en el mundo de la literatura, que tuvieran distinto tipo de dificultad, que no sólo fueran ensayos, ya que no suelen ser gusto de todo el mundo, y que se trate de distintos autores.

1.- Todas deberíamos ser feministas, discurso, Chimamanda Ngozi Adichieaño, 2014.

Este libro expone el discurso dado por la autora en su charla TED sobre lo que significa ser feministas en nuestros tiempos, teniendo un estilo sencillo, y con una estructura basada en sus experiencias personales, es un excelente texto para entrar a la discusión sobre la discriminación por género. La premisa está en que no es un tema que solamente atañe a las mujeres, sino que a todos (de ahí su título) siendo un primer paso para ello la educación.

Hay quien dice: Bueno, los hombres pobres también lo pasan mal». Y es verdad. Pero esta conversación no trata de eso. El género y la clase social son cosas distintas. Los hombres pobres siguen disfrutando de los privilegios de ser hombres, por mucho que no disfruten de los privilegios de ser ricos. A base de hablar con hombres negros, he aprendido mucho sobre los sistemas de opresión y sobre cómo pueden ser ciegos los unos con respecto a los otros. Una vez yo estaba hablando de cuestiones de género y un hombre me dijo: «¿Por qué tienes que hablar como mujer? ¿Por qué no hablas como ser humano?». Este tipo de pregunta es una forma de silenciar las experiencias concretas de una persona. Por supuesto que soy un ser humano, pero hay cosas concretas que me pasan a mí en el mundo por el hecho de ser mujer.”

Su dificultad de comprensión es baja, y consta de 72 páginas, su precio es alrededor de los $5.000, y está en casi todas las librerías. También lo puedes encontrar para descargar aquí 

 

2.- El árbol, María Luisa Bombal, cuento, 1939

Probablemente de este texto nazca el término de “mujer gomero”, aquella mujer que simplemente es un accesorio de su padre o de su marido, en que no se permite/ni se le permite ser mucho más que eso. Así vemos, que en este cuento hay tres personajes: una joven mujer, llamada Brígida, su marido de mayor edad y un gomero. Ella vive con comodidad y lujos en su casa, pero está sola, encontrando un poco de paz en la visión de un frondoso gomero que está pegado a su casa. Aquél árbol sirve de consuelo y a la vez de velo a las frustraciones, de quien se niega a enfrentar su destino, hasta que algo cambia y la luz de la realidad entra en su vida.

Luis la quería con ternura y medida; si alguna vez llegara a odiarla, la odiaría con justicia y prudencia. Y eso era la vida. Se acercó a la ventana, apoyó la frente sobre el vidrio glacial. Allí estaba el gomero recibiendo serenamente la lluvia que lo golpeaba, tranquilo y regular. El cuarto se inmovilizaba en la penumbra, ordenado y silencioso. Todo parecía detenerse, eterno y muy noble. Eso era la vida. Y había cierta grandeza de aceptarla así, mediocre, como algo definitivo, irremediable. Mientras del fondo de las cosas parecía brotar y subir una melodía de palabras graves y lentas que ella se quedó escuchando: “Siempre” “Nunca”

Su dificultad de comprensión también es baja, consta de 11 páginas, y es una entrada más poética y delicada al mundo de lo femenino, teniendo la capacidad de ser un grito de denuncia sin jamás levantar la voz. Este cuento suele estar por separado o junto a otros de la autora en todas las librerías del país, y si tienes cuenta en biblioteca pública digital, lo puedes pedir prestado online aquí

 

3.- Casa de muñeca de Henrik Ibsen, obra de teatro, 1879

Si bien, se puede discutir sobre lo que Ibsen pudiera haber tenido en mente al momento de escribir esta obra, que fuera para asustar a las mujeres que quisieran elegir la liberta. El retrato honesto de la vida cotidiana de una mujer burguesa logra el efecto contrario, ya que la historia de un hombre que busca chantajear a Nora, nuestra protagonista, por un préstamo que ella pidió en secreto años atrás, evidencia la problemática de un marido que no  la considera más que un objeto de su propiedad.

Nora:”(…) Cuando vivía con papá, él me manifestaba todas sus ideas, y yo las seguía. Si tenía otras diferentes, me guardaba muy bien de decirlo, porque no le habría gustado. Me llamaba mi muñequita, y jugaba conmigo, ni más ni menos que yo con mis muñecas. Después vine a esta casa contigo (…) Tú me formaste a tu gusto, y yo participaba de él… o lo fingía… no lo sé con exactitud (…) He sido muñeca grande en esta casa, como fui muñeca pequeña en casa de papá. Y a la vez los niños han sido mis muñecos.

Lo bueno de los clásicos es que están en todos lados, sobre todo en librerías de segunda mano, su dificultad es media, constando de 123 páginas, ya que introduce conceptos de forma más sutil sobre lo que significaba para una mujer de esa época hacer abandono de su hogar. Si tienes cuenta en biblioteca pública digital, lo puedes pedir prestado online aquí

 

4.- Teoría King Kong, Virginie Despentes, ensayo, 2007.

Este es un ensayo con un lenguaje directo, y un estilo por sobre todo desenfadado, es realizado por una de las grandes pensadoras del feminismo del siglo XXI, en donde nos revela diversas vivencias y nos lleva por su razonamiento para elaborar sus diversas tesis. Puedes estar incluso en desacuerdo con ella, pero la brillantez de sus ideas te permite pasar varios días cuestionando tus propias creencias.

“Porque el ideal de la mujer blanca, atractiva pero no puta, bien casada pero no relegada, que trabaja pero que no es tan exitosa como para humillar a un hombre, flaca pero no neurótica por la comida, que sigue indefinidamente joven sin que la desfiguren los cirujanos estéticos, que se siente plena por ser mamá pero que no es acaparada por los pañales y los deberes de la escuela, buena ama de casa pero no sirvienta tradicional, esta mujer blanca feliz que nos ponen siempre frente a los ojos, que deberíamos esmerarnos en imitar, más allá de que parece aburrirse mucho por poca cosa, de todas formas nunca me la crucé, en ningún lugar. Creo que no existe (…) El feminismo es una revolución, no una predisposición de las consignas marketineras, no una vaga promoción de la felación o de los swingers, no sólo se trata de mejorar los sueldos complementarios. El feminismo es una aventura colectiva para las mujeres, para los hombres y para los demás. No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a las pequeñas conquistas de los hombres, sino de mandar todo bien a la mierda”

La dificultad de este texto es medio, ya que hace referencia a diversas autoras y obras feministas, por lo que debería leerse con un destacador en la mano, cuenta con 125 páginas, y lo puedes descargar aquí

 

5.- Un cuarto propio, Virginia Woolf, ensayo basado en una serie de conferencias,1928.

El tema original era la mujer y la novela, pero intentando desentrañar la pregunta de: ¿Qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas? nace un cuestionamiento a nuestra cultura, economía y sistemas de valores, que se proyectan de manera muy práctica en una respuesta: las mujeres para escribir buenos libros, no sólo novelas,  necesitan independencia económica y personal, es decir, una habitación propia. La perspectiva que nos entrega con ironía da lugar a la base actual del feminismo, por lo que es muy necesario para todos haberle echado una mirada a este texto.

“Ellas escribían como escribían las mujeres (Jane Austen, Emily Brontë); no como los hombres. De las miles de mujeres que escribían novelas entonces, sólo ellas ignoraron las admoniciones del eterno pedagogo: escribe esto, piensa aquello. Sólo  ellas fueron sordas a esa persistente voz,  ahora rezongona, ya protectora, ya tiránica, ya paternal, ya enfurecida; esa voz que no puede dejar a las mujeres solas, que debe estar tras ellas, como un gobierno demasiado escrupuloso, exhortándolas a ser refinadas, a ser buenas y mantenerse dentro de los límites que el caballero en cuestión considera adecuados.”

La dificultad de este libro de 107 páginas, es media, ya que hace alusión a autores anteriores a ella, e introduce ideas que suponen el conocimiento de ciertos conceptos, sin embargo es un texto claro, que no exige ningún título universitario para su comprensión. Si tienes cuenta en biblioteca pública digital lo puedes pedir prestado aquí

Se han dejado a un lado a un gran grupo de libros, como nuestra Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Simone de Beauvoir, entre otras, por lo que preparo una segunda y quizás tercera parte.

¿Qué libros crees que son indispensables para hablar de feminismo? Por favor comenta

 

Qué leer

Carolina Brown y sus círculos en el agua

El libro En el agua está conformado por una serie de cuentos, fue escrito por Carolina Brown, con quien nos juntamos a tomar una cerveza, con el fin de comprender su forma de escribir y de entender su propia obra. Fue publicado en 2014 por Contemporánea, que es un sello editorial de Biblioteca Chilenia. Conversamos sobre literatura, proyectos, y del hecho de tener un trabajo durante el día, manteniendo viva la compulsión de crear por las noches.

Carolina Brown, de cara lavada y sonrisa honesta, estudió Literatura en la Universidad de Chile y luego Comunicación Multimedia en la Universidad del Pacífico. Participó en el taller de escritura de Pablo Simonetti, durante tres años, y tras un largo proceso de escritura y revisión, que tiene su origen en su pasión por contar historias, sea cual sea su formato: fotografías, videos, papel, nace En el agua.

Esta obra  consta de siete relatos que se encuentran ordenados en razón de la historia de una vida, una cronología de los personajes, que aun cuando no son los mismos, exactamente, podrían serlo, son parte de un mismo universo, en donde el acto de fumar siempre es a escondidas, y una bruma de melancolía lo inunda todo. De tal manera, cada narración es una onda en el agua, que se expande, que crece y que se juntan con otras formando una onda mayor.

Dentro del conjunto, existen algunos cuentos que sobresalen respecto de los otros, ya sea porque en su propia narración se advierte un ritmo narrativo más interesante o porque simplemente quedan más grabados en la memoria, por la fuerza de las acciones o de sus imágenes. Como por ejemplo, el primero, Nadar a la otra orilla, nos sumerge profundamente en el contexto y motivaciones de su personaje principal. Además, inaugura perfectamente el libro al presentarnos, el que creo, el mejor final de todos los relatos: una decisión sin certezas.

Por otro lado mi personaje favorito está en el cuento Roedor, que es capaz de revelarse contra una figura cautivante, que lo atrae, pero se sobrepone tras enfrentarse a una visión que conmueve: “balones ardientes emergen uno a uno de la boca chispeante y roja.“¿Qué son aquéllos? Los invito a leer, querrán comentarlo.

Y una historia que después de leída sigue dando vueltas en la cabeza, Todas tus cenizas al mar: nos entrega otra rebelión, otro fuego interior, quizás un último gesto para no terminar hundiéndose con un abusador.

Así vemos que los personajes que pueblan este mundo son seres marginales, que buscan o anhelan la soledad, y que bajo una atmósfera propia de las novelas góticas, de las cuales reconoce su influencia, vemos que cada uno de ellos se ve sometido al influjo de un otro que los domina, ya sea por su belleza, por su carisma, por su dinero, y en donde la libertad por sobre esta luz que atrae, se reparte de manera aleatoria en las historias.

Estamos frente a narraciones que tienen como un nudo el cómo responder a situaciones límites, que se dibujan con nostalgia por la mano de esta escritora, quien escribe por la sola satisfacción del acto de escribir, en este Gotham que es Santiago, donde se es trabajadora de día y escritora de noche.

Carolina Brown actualmente se encuentra terminando su próximo proyecto, en esta ocasión se tratará de una novela, que estará estructurada bajo la forma de tres espacios de tiempo.

En el agua, lo pueden encontrar  en Librería Qué Leo del Parque Forestal, en Feria Chilena del libro y en Antártica, son 107 páginas, y su precio aproximado es de $9.400. 

Pueden visitar la página web del libro aquí para conocer más detalles.

Opinión YTLD / Qué leer

Periodismo y sangre: crímenes reales en la literatura

Un domingo por la mañana, en lugar de escribir esta reseña sobre A sangre fría (1996) de Truman Capote y El Adversario (1999) de Emmanuel Carrére, estaba durmiendo a pata suelta, cuando sonó el timbre de mi departamento. Estaba en mi tercer sueño, entrampada en la pregunta de ¿Dónde nace la fascinación por los actos de violencia? ¿Cuál es el encanto que ejercen sobre mí estas novelas sobre crímenes reales?

Abro la puerta, aún en pijama, y quien está ahí es mi hermano, ensangrentado, diciendo que lo habían asaltado. Fue en el Parque Forestal, le pegaron tres botellazos en la cabeza, para quitarle su celular y cuatro lucas. ¿Dónde se fue mi morbo frente a la crónica roja?

¿Será que la maravilla está en que leemos sobre ellos desde la comodidad de nuestro hogar, bien asegurado, arropándonos con un chalcito en los pies? Pues quizás, aquí les presento mi reseña y teoría:

A sangre fría fue escrita por el periodista Truman Capote, quien realizó una exhaustiva investigación sobre un crimen perpetrado en 1959 en un pequeño pueblo llamado Holcomb, ubicado en Kansas, Estados Unidos. Una mañana encuentran a una familia, madre, padre, hija e hijo adolescentes, amarrados y asesinados sin ningún sentido, no parece que les hayan robado, y no se les conocen enemigos. Con esta novela se entiende inaugurado un nuevo género literario, la novela de no-ficción o novela documento, ya que nos muestra las vidas de las víctimas, sus relaciones y personalidades, pero también cómo son sus asesinos, su captura y el proceso en que son sentenciados a la pena de muerte. En este tipo de obras, no hay lugar para spoilers, ya que se da a conocer rápidamente cuál será el desenlace, siendo lo interesante en cómo es escrita, y en cómo desentraña la humanidad que puede existir detrás de actos como éstos.

Perry, uno de los asesino y Truman en una de sus muchas entrevistas.

Capote sostuvo varias entrevistas con uno de los asesinos, Perry, con quien siempre se ha comentado que mantuvieron una relación sentimental, aunque a partir de la sola lectura del libro podemos ver que es un personaje al que le profesa bastante más cariño, en contraposición al otro asesino, Dick, de quien realiza un gran trabajo caracterizándolo pero se le muestra como un ente opresor dentro de esta pareja de delincuentes. Así podemos ver en un extracto de una carta enviada a Perry por un amigo de su última vez en prisión, el siguiente párrafo, en donde se nos entrega una pequeña ventana a su alma: “Eres un hombre muy apasionado, un hombre hambriento que no sabe dónde saciar su apetito, un hombre profundamente frustrado que lucha por proyectar su individualidad contra un fondo rígido de conformismo (..) ¿Por qué ese creciente desprecio por la gente y esas ganas de herirla? Muy bien: crees que son necios y los desprecias por su moral, su felicidad son el origen de tu frustración

Y así sin más, el lector termina convergiendo hacia los victimarios. Y me veo a mí misma viendo una gran serie de sujetos parecidos a ellos representados en la pantalla, los leo en internet. Y nos veo bajando la velocidad del auto al pasar junto a un choque, para mirar hacia la desgracia de los otros.  Sin embargo, el ejercicio primero suele ser el pensarnos como víctimas, respecto de lo horrible que sería si nos llegara a pasar cualquiera de esos acontecimientos, qué habríamos hecho en el lugar de ellos.

Son las once de la mañana del domingo y estamos en la Urgencia, a la espera del resultado del escáner, y en este mundo fuera de los libros lucimos y nos sentimos asustados. Ahora no nos importan mucho los culpables, al menos no en este momento. Trato de hablarle para que no se duerma, si algo le pasara, no sé, no somos la clase de víctima que llama la atención en los medios, no tenemos dinero ni somos marginales, somos justo un punto en el medio que nadie ve.

Dick, el otro asesino, sufrió un gran golpe en la cabeza, ya de mayor, por lo que su familia y su defensor intentan demostrar que eso hizo un cambio en su comportamiento, que su conducta no era ni agresiva, ni de desafío a las autoridades hasta aquél accidente. ¿Es posible que un golpe en la cabeza te vuelva un criminal? ¿Es posible que mi hermano cambie su forma de ser de un día para otro? ¿Es posible que una familia se vuelva victimaria en razón de la venganza?

Todas las respuestas me parecen afirmativas, o a lo menos plausibles, porque el miedo que nos provoca el identificarnos con quienes fueron dañados, tan buenos, tan inocentes, que sufren tanto dolor innecesario, nos conecta con la posibilidad de abrir la ventana a la sombra que nos compone, hambrienta de violencia, de venganza, de frustración, de odio.

Pero como todo en esta vida existe ese otro lado, oscuro, y que da la lectura de libros como El adversario, que hace el ejercicio de intentar pensarnos como el victimario, ¿Estaremos a un solo mal día en convertirnos en una monstruosa versión de nosotros mismos?

Este libro es impresionante, es una historia real que suena inverosímil, en donde nos presenta en las primeras páginas a Jean-Claude Romand, en 1993, quien mató a su mujer, a sus hijos, a sus padres e intentó, sin éxito, suicidarse prendiendo fuego a la casa donde se encontraba.

Parecía ser una familia normal, de clase media alta, en un pueblo de Francia, cerca de la frontera con Suiza. Pero poco a poco se va revelando la verdad, él mentía desde los dieciocho años respecto de todo, y a todos. Entonces al encontrarse a punto de verse descubierto, prefirió eliminar a todos sus cercanos, a quienes había engañado durante tanto tiempo.

Carrére, el autor del libro, le escribió una carta, estupefacto al saber las características de los hechos, ya que en esa época sus hijos tenían la misma edad que los niños de Romand, a quienes mató. Años después éste le contesta, y comienza una investigación sobre un hombre que cada mañana salía a trabajar como médico, y en lugar de eso vagaba por las carreteras, comía en estaciones de servicios y caminaba por los bosques.

Romand y su familia, a quienes mató.

Este hombre llevaba una vida llena de mentiras, por lo que el interés de esta novela de no ficción, pues se inscribe dentro de los mismos cánones que la de Capote, está en imaginar qué había en la cabeza del asesino, que no mostró actos violentos previos a su gran crimen, que ni siquiera había dado sospechas hasta ese momento, entrado ya en la madurez.

Y el resultado es un relato que atrapa, que aterroriza, que nos muestra a Romand como una cáscara, con una personalidad manipuladora, que era capaz de adecuarse a lo que de él esperaba su interlocutor, así vemos que lo describe: “Una mentira, normalmente, sirve para encubrir una verdad, algo vergonzoso, quizás, pero real. La suya no encubría nada. Bajo el falso doctor Romand no había un auténtico Romand.

A mi hermano lo internaron en la UTI, a los cinco días ya estaba mejor, tuvimos que ir a carabineros para ampliar la denuncia de lesiones menos graves a lesiones graves, para eso debes tomar un número, esperar, sentarte, pensar, no hay nada de provecho en esto, pero es lo que se supone que se debe hacer.

Tanto Capote como Carrére leyeron en el periódico la noticia que los impactó, la que en ambos casos se dieron lugar en pueblos pequeños, de vida tranquila. En ninguno de los dos casos se entiende porqué sucedió aquello que sucedió.

De ahí nace su imposibilidad de spoiler, y la esencia de su encanto, el resultado está en la tapa del libro, en la contratapa la descripción detallada de los hechos, pero no es eso lo relevante.

Estos libros se leen porque nos presentan un proceso, en donde se nos da una perspectiva con la información recolectada de cómo se convierte un asesino en tal, en cómo quienes fueron sus víctimas vivían sus vidas, en como un pueblo queda destrozado ante la escena del crimen.

En el caso de mi hermano no sabemos quiénes fueron, deben andar por las calles, quizás alguno se ha sentado a tu lado en el metro, tal vez nisiquiera te parecen un flaite o sea cual sea tu prejuicio de cómo se ve un delincuente, pero andan por ahí, y son capaces de molerte una botella de vidrio en la cabeza, si un día necesitan tus míseras cuatro lucas y tu celular.

Qué se escribe

Microcuento: Los abandonados

La gata mitad negra mitad blanca, Emilia, había llegado a la casa un día cualquiera, quién sabe de dónde. En la casa no había animales, la abuela no tenía intenciones de cuidar a nadie más. Ya tenía suficiente a sus setenta años con sus siete hijos, que le dieron veinte nietos, de los cuales le quedaba una, Javiera, que iba y venía, se quedaba tres días y desaparecía un fin de semana completo, con su hijo Alexis, un bisnieto de tres años, de grandes ojos castaños, que seguía a la abuela para todos lados.

Alexis, le había puesto Emilia a la gata, nadie sabía de dónde había sacado ese nombre, ninguno de la familia se llamaba así. Se dedicaba por las mañanas a juntar tierra con agua, al lado del cuartucho de herramientas que estaba al final del patio, y por las tardes, en vez de dormir su siesta, perseguía por toda la casa a la pobre gata, ella gruñía y lo amenazaba con sus garras, pero nunca le había hecho daño. Seguramente intuía que todavía él era un cachorrito, y aguantaba con el corazón palpitando rápido, hasta el momento en que pudiera escaparse de sus bracitos gordos.

La abuela, solía dar unos buenos escobillonazos a todo animal que trató de arrimarse a su casa, pero esta vez, se lo tomó con resignación, ya que desde la casa pareada, que se encontraba al lado de la suya, habían empezado a llegar grandes ratones hace un par de meses, con colas gruesas y grisáceas. Emilia, cumplía su cometido; por las noches se escuchaban golpes en el entretecho, a veces aparecían partes traseras de los roedores en el patio de tierra, secándose al sol, y un día se había asomado en la ventana, orgullosa con sus ojos amarillos, con una cola asomándose por el hocico.

Un viernes,como si fuera Javiera, la gata desapareció, pasaron unas cuantas semanas, nadie la buscó. Pero volvió, chascona, con hambre, maullando fuerte. Alexis estaba feliz, la había extrañado, su pequeño mundo tenía apenas tres personajes: la abuela, su madre con sus ojos hundidos, y la gata. Emilia era su compañera en juegos imaginarios, en que ambos eran gato y niño a la vez. Sin embargo, pasado un tiempo, ella engordó, mucho, y ya ni siquiera arrancaba del niño cuando éste trataba de sentarla en su camión de madera.

Así, una tarde, Emilia se acomodó dentro de un clóset, sin querer salir, la abuela estaba furiosa. Alexis arrodillado al lado del hueco en que se había metido, vio, asustado, cómo aparecieron por el trasero del animal seis pequeños bultitos mojados de todos los colores, que se movían, tiritando, mientras la gata echada gemía bajito.

La abuela al ver esto, gritaba enojada, fue corriendo a la cocina, volvió con una bolsa plástica, esperó a que terminara de salir la última criatura, los tomó uno a uno y los fue metiendo en ella. Al terminar, hizo un nudo y se fue directo a la calle. Allí quedaron en la casa, en la habitación, en el clóset, el niño y la gata. Emilia lo miró y emitió un gemido largo y agudo, Alexis sólo le acarició sus orejas, ninguno de los dos entendía bien qué pasaba.