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¿Tiene un momento para hablar de series?: American Horror Story

¿Han sentido alguna vez ese imperioso llamado de dar a conocer al mundo la buena nueva de una serie que todos deberían estar viendo, y no lo hacen? Yo sí, y por eso, aprovechando que me dieron la oportunidad de escribir para este prestigioso y glamoroso sitio, propuse hacer una columna sobre series. Y principalmente sobre series que, por razones que escapan a mi comprensión, no han alcanzado los niveles de fama que merecen.

Existe tanto material de calidad disponible hoy en día que a veces cuesta elegir que ver. Y así, es posible que pasen inadvertidas algunas series que, según mi objetivísimo y neutral punto de vista, son verdaderas joyas. Por eso, espero que mi columna sirva para traerles la buena nueva del mundo de las series (que hermoso que ya no sea necesario ponerte una túnica y conseguir una manga de gente que te siga a un cerro para poder predicar). Y para eso, qué mejor que empezar con una de las series con que más he sentido la necesidad de evangelizar en el último tiempo: American Horror Story.

Todavía no sé muy bien qué fue lo que me hizo empezar a ver AHS. Porque por título no me atraía mucho: de partida, si ya es difícil encontrar buenas películas de terror, me parecía mucho más difícil aún que alguien lograra hacer una buena serie de terror, con el desafío que implica mantener la tensión a lo largo de varios capítulos. Más aún, cuando supe que, en el caso de American Horror Story, ese alguien eran los creadores de Glee (Ryan Murphy y Brad Falchuk), lo que no parece un CV muy apropiado para dedicarse al terror. Por otra parte, me molestaba el título tan gringo… sí, solo por tener la palabra “American” en el título (pero de eso se tratan los prejuicios, ¿o no?). Así que lo más probable es que alguien cuya opinión respeto me la haya recomendado, y por eso, hace unos tres años, casi de un tirón, vi la primera temporada de AHS. Y LA AMÉ.

Pocas veces durante mi vida adulta había experimentado esa sensación de que algo me perturbaba tanto, y al mismo tiempo no podía hacer nada por detener a Netflix cuando me anunciaba que se reproduciría el próximo capítulo en 4, 3, 2, 1….. Con el consecuente resultado de estar después a mitad de la noche, muy despierta, escuchando e imaginando cosas, esperando que amaneciera luego.

Una de las primeras sensaciones que me dio la serie, es que está hecha con mucho cariño, por gente que de verdad ama el género del terror. Partiendo por los teaser y openings, inquietantes, que a fuerza de puras imágenes perturbadoras, captan la esencia de cada una de las temporadas, acompañados de una música que pone los nervios de punta. Por otra parte, la serie no se limita a un tipo específico de terror, sino que en cada temporada se va moviendo con mucha gracia entre distintas formas del género, lo que contribuye a mantener el interés en los trece capítulos que componen cada una de ellas.

Otra cosa interesante que tiene esta serie, es el hecho que cada una de sus temporadas es absolutamente independiente de las otras. Hasta el momento he visto las tres primeras (actualmente se está emitiendo la sexta): la primera, “Murder House” está ambientada en el año 2011, y se trata sobre una familia que, tratando de dejar atrás su pasado reciente, se cambia de Boston a Los Ángeles y se instala en una casa -a la que seguramente no se habrían mudado de conocer su historia-, todo lo cual se mezcla con el drama familiar que motivó la mudanza en primer lugar. La segunda temporada, probablemente mi favorita, “Asylum” está ambientada en el año 1964, en un hospital psiquiátrico administrado por la iglesia católica, al que un empleado de una gasolinera va a dar, acusado de ser un asesino en serie, y de haber matado a su esposa. En tanto, una periodista está intentando dar un impulso a su carrera escribiendo sobre este caso, razón por la que se acerca a investigar. Por último, la tercera temporada, “Coven”, está ambientada en el año 2013, y trata sobre un internado para brujas, cada una de las cuales tiene distintas habilidades. Sí. Mis resúmenes de las temporadas son escuetos. Pero es que no quiero revelar nada, porque por lo menos en mi caso amé no tener idea de nada cada vez que empezaba a ver una temporada.

Otra cosa que no puedo dejar de mencionar son las notables actuaciones de los protagonistas de cada una de las temporadas, y en especial de la bakanísima Jessica Lange (Big Fish, Cape Fear), de Evan Peters (el nuevo Quicksilver de X-Men), de Sarah Paulson y de Lily Rabe; actores que a lo largo de las distintas temporadas interpretan diversos papeles, lo que también contribuye a mantener una cierta continuidad, a pesar de las tremendas diferencias de época y temática entre cada una de ellas. Una de las cosas que más hacen que me guste una serie es cuando logran que uno enganche con los personajes, y en American Horror Story definitivamente hay personajes notables, que hacen que uno se encariñe con los actores y se alegre de verlos reaparecer en las distintas historias. O en otras series o películas.

No diré nada más para no incurrir en el flagelo del spoiler. Excepto, que si te gusta el género de terror y no has visto American Horror Story deberías empezar a verla AHORA. En Netflix está disponible hasta la cuarta temporada.

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